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Mostrando entradas de agosto, 2024

Si el holocausto nuclear es inevitable, relájate y goza - Crítica de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1964), dir. Stanley Kubrick

¿Es transversal a la humanidad la pulsión por retornar a un modo de organización paleolítico? ¿Está inscrita en nuestra nostalgia genética la época en que (nos gusta imaginar) cazábamos y recolectábamos y dábamos un piedrazo al vecino y nos quedábamos con sus mujeres y sus recursos y vivíamos más felices? ¿Seremos de un linaje 100% vencedor, y por eso nos imaginamos vencedores en esas fantasías? Me es difícil creer que hay un componente de lo humano que se inclina por volantear hacia esa instancia tan ordinaria de vida. Es más, puedo imaginar fácilmente que todos mis antepasados de aquella época, salvando distancias absurdas y humillantes para los estudiosos de la Historia, me dirían que preferirían estar acá conmigo a tenerme allí con ellos. Sin embargo, el discurso de que la revolución neolítica ha apuntado en contra nuestro, y que nuestro entorno ideal sería ese modo de vida más prosaico y violento, está más divulgado de lo que uno tiende a creer. “La naturaleza humana” se ha conver...

El problema de los lienzos - Crítica de Otra Piel (2024), dir. Patricia Correa

Con tal de atajarme a las posibles confusiones voy a anticipar mi veredicto, para que no se tome por espanto e indignación (emociones negativas) lo que son mi espanto e indignación (emociones positivas). Voy también a dirigirme a la directora de la película, por la naturaleza tan punitiva de mi juicio, como la autora intelectual de un atentado contra la moral y la compasión por la humanidad. No se trata de un reproche que pueda hacerse, producto de la extracción de una perspectiva misántropa a la película, sino un análisis del modo en que son explotados los materiales de la película, las personas. Otra Piel es una adición fina a la historia del cine de oficios extravagantes como también a la de animales despellejados. El documental sigue a un taxidermista, de nombre Miguel, cuyas actividades laborales, entre nosotros, espectadores pequeñoburgueses de un festival de cine independiente, son, por ahorrar caracteres, exóticas, y cuyo caudal de ingresos proviene, principalmente, de dueños (...